El retorno del caballero oscuro

Hoy me voy tranquilo a la cama. He visto la luz y descubierto que en España gobierna un superhéroe, un paladín de la justicia escondido tras una careta de corrupto, sinvergüenza y falso hasta la médula. Sé que Mariano, y no un marrano, vela por nuestros intereses.

Para crear su perfecta tapadera ha tenido que transformar una organización política rancia en una entidad con ánimo de lucro todavía más cutre y casposa: el PP post Aznar. Se ha rodeado de gentuza de la peor especie (Floriano, Cospedal, Arriola) y de ladillas trepapelotas como Soraya. Todo obedece a un plan maestro, calculado meticulosamente para esconder al príncipe del bien en el seno del más temible nido de ratas que pudo existir en un país. Disfrazado de un peligroso macho alfa, Mariano se escabulle cada día entre las alcantarillas, para asomar sus bigotes al frío glacial de la noche.

No, no es detritus todo lo que hiede, se excreta por un ano y tiene forma de bosta. Hoy he visto la luz. Rajoy Brey, el caballero de la noche, tiene un plan que nos va a devolver a una sociedad limpia, honrada y sin el Sálvame Deluxe. Las medidas anticorrupción de Mariano son la respuesta más contundente que mente alguna pudo concebir contra la podredumbre que reina en España. ¿Despolitizar la justicia? ¿Devolver lo robado? ¿Cesar a todo quisqui y dimitir? ¿Fumigar (metafóricamente) la sede de Génova con todos dentro? No, mucho más que eso. Hoy Mariano ha hablado y actuado como el vigilante que es. ¡La solución es convertir la corrupción política en un delito! ¡Zas, zas, zas! Ahí queda eso, corruptos. Seguro que ya estáis temblando.

Gracias, Rajoy Brey, caballero oscuro. Hoy, tras haberme tomado media botella de vino, dos güisquis, un chupito de ron, tres tequilas, dos copas de champán, un mojito y medio vaso de licor del polo, he comprendido. Ahora sé que velarás por mí y mis compatriotas, sin robar, trincar y colocar a algún lerdo de tu paridera en la cartera de Sanidad.

Buenas noches y buena suerte, ya veo la Rajoyseñal a modo de luna llena sobre el cielo de Madrid, e intuyo que tus puntiagudas orejas de roedor alado andan al acecho de algún malhechor. ¡Hic!

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