Si no fuera por algunos jueces…

Me reconforta escuchar a los diferentes portavoces de partidos políticos decir que éste o aquel juez ha habierto una causa general contra su partido. Entiéndame, lo deseable sería que la podredumbre política fuese aniquilada por los mecanismos de control y vigilancia de los propios partidos, antes de extenderse cual gangrena por todo el organismo institucional. Pero como tales sistemas de control brillan por su ausencia y, si me apuran, están al servicio de la infección (sobre aquí, sobre allá), el hecho de que haya jueces que molesten, fustiguen y abran causas contra personas de ésta o aquella asociación mafiosa que opera bajo siglas parlamentarias es motivo de alegría. Demuestra que no todo está perdido y que, por mucho que lo hayan intentando Gallardón y sus antecesores con la cartera de in-justicia, algunos magistrados siguen cumpliendo con su deber.

La del Dixie por dixit, en apuros tras su imputación en el caso de los EREs.

La del Dixie por dixit, en apuros tras su imputación en el caso de los EREs.

Sin jueces como Ruz o como Alaya la sonrisa de los rufianes, electos o no, se volvería aún más insoportable. Ya es duro que los estafados y robados, todos nostros, sigamos hundiéndonos en la miseria de los recortes -un mecanismo eufemístico que permite compensar económicamente la rapiña sobre todo lo público que los partidos políticos de peso han acometido sistemáticamente- mientras ciertos individuos con millones de euros en cuentas en paraísos fiscales hacen la peineta al viento. Estos tíos no han dejado vaca económica por ordeñar, desde los presupuestos nacionales, autonómicos, municipales, las cajas de ahorros, los fondos de pensiones de las viudas de ferroviarios hasta las cuentas ahorro bebé, y la mayoría siguen en viaje de rositas.

Por eso reconforta tanto ver a algún que otro malnacido entrar por la puerta enrejada de Soto del Real o declarando, cual vulgar choricillo, ante el juez. Es un triste consuelo, lo sé, pero tal vez el único que nos quede y que demuestra la falacia del argumento que sostiene que los miserables y causantes de todo mal somos los que trabajamos para el estado: bomberos, profesores, médicos, enfermeras, catedráticos de universidad, investigadores, administrativos… todos culpables de que Bankia, CAM, Novacaixa Galicia y la ristra que sigue de instituciones bancarias estén como estén.

¡Pues no, miren, no! Los responsables y auténticos hijos de puta de esta historia de malversación como no hay otra igual tienen nombres, apellidos y siglas muy bien definidas, y desde luego no tuvieron que pasar por oposición alguna para detentar el poder que han utilizado en su propio beneficio.

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