¿Un empresario paradigmático?

No está bien eso de generalizar y decir “los estos y aquellos son (todos) unos bla bla bla”, sin matizar que en cualquier colectivo existe un amplio espectro de personalidades. Es un error común que falta estadísticamente a la verdad. Pero dicho esto, tampoco tiene sentido aseverar con ligereza y tras pillar con las manos en la masa a este o aquél ejemplar de un sector específico (político, banquero, empresario…), que el hecho es anecdótico, que es un fenómeno aislado y que no se puede generalizar. ¡Hombre, depende!

Gerardo Díaz Ferrán, todo un ejemplo del hacer empresarial, delincuente y (presunto) evasor fiscal.

Lejos de la anécdota, me parece sintomático que Gerardo Díaz Ferrán, expresidente de la CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales), haya sido condenado por el Juzgado de lo Mercantil número 9 por la quiebra de seguros Mercurio. También es preocupante que dicho señor dejara tirados en tierra a miles de pasajeros de Air Madrid, la mayoría inmigrantes, mientras seguía vendiendo billetes, a sabiendas de que la cosa pintaba mal y de que no era muy probable que los sufridos clientes fuesen a disfrutar jamás del servicio contratado.

Y con él voló el dinero, que no Air Madrid, porque cuando tocó devolver el vil metal a los clientes que habían pagado escrupolosamente el importe íntegro de sus billetes, vino el cántico a dúo, Díaz Ferrán y Gonzalo Pascual,  de ya no lo tengo, soy pobre. Tanto monta, monta tanto, Don Gerardo como Gonzalo. Eran pobres, muy pobres, porque tras cobrar su sueldo anual íntegro (185000 euros del ala) justo antes de la quiebra de Viajes Marsans, a principios de año, los pobrecitos ya no tenían dónde caerse muertos. Me pregunto si en aquel momento sus familiares y allegados recibieron cuantiosas donaciones en forma de inmuebles, vehículos de lujo, barcos y dinerito en metálico, pero esa es otra historia que dejo para los juzgados, que me imagino estarán actuando diligentemente sobre el tema.

La consecuencia de la pobreza de Díaz Ferrán es que los acreedores de Viajes Marsans no cobraron ni un céntimo, gracias a la improbabilidad infinita del creatio ex nihilio, la creación a partir de la nada. Eso es lo que repartió Díaz Ferrán a sus miles de clientes, la más absoluta de las nadas, acompañada de la frustración, la desesperación y la impotencia de sentirse robados.

Pero ahí no acaba la historia de Don Gerardo. Hace unos pocos días lo han pillado con sus millones en la frontera. Con un par, el insolvente y e indigente Díaz Ferrán ha sido cazado in fraganti, tratando de evadir 4.9 milloncitos de euros a Suiza. No entraré a valorar lo cutre del asunto, porque anda que no hay paraisos fiscales más exóticos y apetecibles que Suiza. Allí, aunque no se lo crean rige un estado de derecho y hay jueces que te bloquean las cuentas. Sobre lo que sí opinaré es sobre la categoría moral del tipo este al que los empresarios de España eligieron como su presidente, su interlocutor, su primera espada frente al resto de poderes fácticos.

Decir que Díaz Ferrán es un delincuente me parece poco, porque además de la condena por parte de un tribunal, está la ausencia de la más elemental honradez en sus prácticas empresariales. Frente a la catástrofe de un barco, no tuvo los machos de salvar a los tripulantes, mujeres y niños para después hundirse con él. Todo lo contrario, salió escopetado con el cuaderno de bitácora y el cofre en el único bote salvavidas, dejando al pasaje a merced de la tempestad.

Y como nunca creí en las hermanitas de la caridad, porque esas no suelen manejar millones, me pregunto con todo el derecho que dan los datos constatados y constatables si las prácticas de Gerardo y sus secuaces son solo anecdóticas o paradigmáticas de un sistema podrido, en el que tampoco se salva la CEOE. ¿Es verdad que los que votaron a Gerardo no sabían de qué iba el prenda? ¿Eran ajenos a estos moviemientos orquestales en la oscuridad? ¿Lo de llevarse la pasta a Suiza solo se le ocurre a Gerardo? ¿En qué manos se concentra el fraude fiscal en España, en las de la clase media o en las de las grandes empresas? ¿Si sabían de las peripecias de Gerardín, alias “el Quiebras”, por qué no lo pusieron de patitas en la calle cuando estaba al frente de la CEOE? ¿Por qué financiamos a todos estos individuos con fondos públicos?

Ay, ay, ay… mi olfato se ha vuelto como el del príncipe Ambled, con la salvedad de que ya no solo detecta la podredumbre en Dinamarca, sino en cualquier lugar al que apunta la picota.

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