Silogismos esquizofrénicos

En el año 2009, hubo una cruenta guerra por el control de Caja Madrid. Esperanza Aguirre quería poner al frente a su leal Ignacio González, licenciado en derecho, opositor a técnico superior del Ayuntamiento y actual vicepresidente de la Comunidad de Madrid, mientras que el PP quería a Rodrigo Rato, economista, exministro de economía y expresidente del fondo monetario internacional. Perdió Esperanza y ganó el aparato del partido, tal vez con razón a la vista de las “diferencias curriculares” entre ambos.

Ahora Esperanza Aguirre arremete contra los que obligaron a fusionar Cajamadrid (controlada por el PP) con Bancaja (controlada por el PP) y otras cajas menores como Caja Canarias, Caja Ávila, Caixa Laietana, Caja Segovia, Caja Rioja, en zonas de influencia del PP. Ella estaba dispuesta a poner a un abogado y fiel correligionario de filas al frente de una importante institución financiera, la operación le salió rana, y ahora dice que qué mal que obligaran a Madrid a fusionarse a “punto de pistola” con Bancaja.

En lo que al proceso de fusión se refiere, la resultante Bankia nació envenanada, porque Caja Madrid, una entidad relativamente saneada, tuvo que tragarse por una decisión política, que no financiera, el inmenso agujero en Bancaja generado por la catastrófica gestión de Camps en la Comunidad Valenciana.

Por ello, tiene razón Esperanza con su comentario, pero yerra de pleno en el análisis, que es falaz. El problema no fue causado por la fusión en sí, que es una consecuencia, sino de los políticos, que son la causa porque sistemáticamente han venido metiendo sus zarpas en las Cajas y han antepuesto sus deseos e intereses partidistas a la realidade financiera. Y aquí la responsabilidad no solo recae en el PP, sino en todos los consejeros afines al PP, PSOE, CCOO y UGT, que trincan unos sueldos de órdago por gestionar una Caja de Ahorros y que suelen salir impunes cuando su gestión acaba en desastre, prejubilados con pensiones millonarias (en euros).

Pero aquí no acaba la cosa, todavía hay más. Se supone que tenemos un órgano de vigilancia “independiente” para que no se cometan tropelías financieras de semejante calibre: el Banco de España. Pues bien, la decisión política que parió a Bankia fue avalada técnicamente por el Banco de España y su gobernador. A la luz de los hechos más recientes, parece evidente que los que analizaron la situación o eran unos memos, o fueron engañados o siguieron criterios más allá de los estrictamente técnicos. ¿Quiénes son esos responsables? ¿Por qué no hay una investigación abierta?

La conclusión de todo esto es que cuando los políticos meten sus zarpas en alguna institución u organismo de relevancia, acaba montándose un lío de bigotes. Y si eso es así, ¿para qué narices los queremos? ¿No sería mejor elegir a tecnócratas con una formación adecuada para los puestos que deben ocuparse?

La paradoja de las paradojas. Un sistema político sin políticos…

Como sugería ayer mi buen amigo Antonio, ¿nos estaremos volviendo esquizofrénicos?

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