El síndrome de corrupción adquirida

El descalabro electoral del PSOE ha reducido sus ingresos en un 47%. Por ello, el partido de los obreros se resiste a que la reducción del 20% de las subvenciones a los partidos políticos se perpetúe a lo largo del tiempo. Este año van a tener que despedir hasta un 30% de la plantilla federal, ubicada en las sedes y en fundaciones.

Supongo que la medida del PP no es para nada inocente: ahogar económicamente al enemigo es lograr una posición de ventaja. Aún así, hay algo que chirría: los partidos políticos gastarán este año 69,3 millones de euros de las arcas públicas (tras el rectorte del 20%), sin incluir las cuotas de los afiliados, los salarios de los cargos públicos y las donaciones (altruistas o no) privadas.

El argumento que hay tras la financiación pública de los partidos es la independencia de estos de los poderes económicos. Sin embargo, vista la lista de expolíticos ocupando puestos de consejeros en multinacionales y bancos, los créditos a los partidos perdonados por bancos y cajas (a mí nadie me ha condonado la hipoteca), los indultos a banqueros e industriales, la permisividad con el fraude fiscal o las adjudicaciones de obras y contratos públicos a empresas en las que trabajan familiares y amigos, por poner ejemplos sencillos, es más que dudoso que el objetivo de la “independencia” se haya logrado. Parecería más correcto decir que los partidos políticos han comenzado a devorar, literalmente, todos los poderes del sistema: los jueces son propuestos por ellos, las filias y fobias políticas de los medios de comunicación son evidentes, las empresas, bancos semipúblicos, fundaciones y organismos públicos de dudosa utilidad están copados por jubilados de la política, y así nos va.

Financiarlos con dinero público no ha resuelto el problema, y puede que haya generado otro: la compra de voluntades mediante la dádiva pública. Es evidente que un país admite un número máximo de parásitos e inútiles, y mucho me temo que el nuestro ha sobrepasado el umbral con creces. El gran despilfarro no es fruto de la casualidad, sino consecuencia de políticas patentemente electorallistas, populistas y partidistas, que anteponen el objetivo de “ganar las elecciones a toda costa” al de gestionar un país y crear un proyecto de futuro común para sus ciudadanos. Y la transformación de un estado autonómico, a priori algo sensato, en una colección de reinos de taifas, liderados por caciques locales, nos ha puesto en manos de unos tipejos capaces de proponer la destrucción del mismísimo estado para rascar unos escaños.

La pataleta del PSOE para que no les quiten sus dineros públicos no es más que una gota en la ciénaga de la financiación de los partidos, que se han convertido en máquinas de ganar elecciones. Llevamos años escuchando que es necesaria una reforma de la Ley de partidos, pero nada sucede, y los escándalos sobre dineros sucios se suceden y olvidan a igual velocidad: Filesa, caso Naseiro, el 3% de las obras en Cataluña, el Gürtel, la trama de los EREs y empresitas públicas andaluzas. Y eso sin hablar de los concejales de urbanismo, ¿eh?

Nos quieren hacer creer que las prácticas corruptas son anécdotas, que la mayoría son honrados, pero la realidad resulta bien distinta: la putrefacción se extiende por el estado, sin que esa “supuesta mayoría” honrada de políticos le ponga remedio. Padecemos una enfermedad especialmente grave, porque el agente infeccioso pretende anular al sistema inmunológico de los poderes independientes, quedarse con todo y montar un monopolio-chiringuito del que los ciudadanos seremos clientes forzosos. El SIDA político, el síndrome de corrupción adquirida, amenaza los pilares del sistema y cada vez quedan menos glóbulos blancos para combatirlo.

¿Nos ponemos ya la vacuna?

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2 comentarios

  1. Antonio M. Lallena · · Responder

    Tan sólo una discrepancia: creo que no es que hayamos superado el umbral (con creces) del número de inútiles y parásitos, es que hemos sobrepasado el máximo. Y sólo por poner algunos ejemplos más de la situación que denuncias:

    1. El gobierno andaluz dice que para dar ejemplo han reducido sus sueldos un 5%. Mucho me temo que a los empleados públicos fijos van a reducirles más, pero lo que es seguro es que a los interinos sí que se lo van a hacer porque ya lo han declarado públicamente. Y yo me pregunto, ¿el político no es el paradigma de interino? Se ve que no: el presidente del parlamento andaluz lleva en el parlamento desde la primera legislatura autonómica, la titular de trabajo del gobierno central parece que nunca cotizó como trabajadora y del titular de justicia del mismo todos sabemos la de años que lleva ejerciendo …

    2. Los de IU de Andalucía dicen que van a salir a las calles a protestar por los recortes del gobierno andaluz del que, curiosamente, forman parte: añaden los consabidos, “nosotros no hemos sido”, “nos han obligado los del gobierno central”, “en realidad no queríamos estar”, …

    3. Ayer uno de los portavoces del PP en Andalucía salió a la palestra para criticar duramente los recortes que el gobierno andaluz ha propuesto

    ¿Esquizofrenia? ¿Estulticia? ¿O simplemente sinvergonzonería?

    ¡Qué hartazón!

  2. Ojalá tengas razón, Antonio, pero me temo que solo hemos cruzado el umbral, entendido como el valor mínimo de una magnitud a partir del cual se produce un efecto determinado. Creo que todavía nos queda mucho por vivir…

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