Un milagro para la ciencia

La ciencia no cree en milagros. Se sustenta en la razón, en la observación de los fenómenos naturales y en la falsación de sus teorías. Y sin embargo, parece ser necesario uno para que la ciencia española se salve del mayor recorte de la década. Un país como España, atrasado científicamente y con una industria que llama innovación a renovar los equipos informáticos necesita, más que nunca, un empuje para poder despegar. El ladrillo y las obras públicas se acabaron, y no existe un modelo alternativo a la vista. Sin embargo, es patente que ningún gobierno, ni del PP ni del PSOE, han creído de verdad en la capacidad de los científicos. La financiación siempre ha sido escasa y volátil, y lo que hemos llamado periodos de vacas gordas es lo que en otros países llamarían una crisis de financiación.

En el siguiente gráfico se muestra cómo durante los últimos tres años se han reducido las inversiones en I+D. La última bajada, de más de un 25%, coloca a la ciencia española a un paso más allá del abismo. De aplicarse la reforma presupuestaria, jóvenes científicos se irán a la calle, proyectos en curso se verán interrumpidos, fallaremos en nuestros compromisos internacionales y, lo que es peor, se desmontará en unos pocos meses lo que necesitó años para ser puesto en marcha. No se entiende cómo el gobierno ahorra en el capítulo de I+D y permite atrocidades como el masivo fraude fiscal de grandes empresas y bancos. Hay otros sitios de dónde recortar, pero no se atreven o no les interesa por cuestiones puramente partidistas.

Así pues, a falta de razón y de entendimiento, apelemos al fenómeno sobrenatural para que el gobierno se caiga del Guindos e iluminado, descubra de una maldita vez que España, sin sus científicos, será un país de playas, bares y resturantes, al servicio de las potencias que sí están haciendo los deberes en materia de I+D. Yo no me resigno a que las nuevas las aspiraciones de nuestros jóvenes pasen por emigrar, montar un chiringuito, hacerse futbolistas o enseñar carnaza en programas de la telebasura. Pero no parece que el mensaje le llegue a nuestros gobernantes. Esos abogados, economistas o políticos de profesión parecen no tener la más remota idea de lo que se les está diciendo. Están tan asustados con el problema del hoy que no se dan cuenta que el del mañana, con China, la India, Corea, EEUU o Rusia tirando del carro, será todavía más desolador si no nos ponemos en marcha ya. De nada servirán los sacrificios si no van encaminados a lanzarnos como una potencia científica e innovadora. La mano de obra barata la pondrán otros.

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