Recortes en educación, la vida sigue igual…

Los recortes en educación no persiguen mejorar el depauperado sistema actual, sino recaudar más. La universidad española seguirá siendo un nicho en el que cohabitarán investigadores brillantes y profesores mediocres, favorecidos por la endogamia. No se mejorarán los planes de estudio, que obdecen más a las necesidades de los departamentos (más asignaturas equivalen a más plazas para colocar a los tuyos) que a las necesidades reales del país. Tampoco mejorará sustancialmente el nivel de los estudiantes, ni el fomento de su esfuerzo: el que vale seguirá siendo brillante, a pesar del entorno poco estimulante. Todo seguirá en declive a la par que se mejoran algo los ingresos.

Ninguno de los gobiernos de la democracia ha hecho lo necesario en materia educativa, y así nos ha ido. Los jóvenes están cada vez peor preparados, y anteponen la pasta rápida (esto no solo es culpa de los centros educativos, sino de una sociedad enferma) a la cultura del esfuerzo. Falta la motivación, un norte, un proyecto común e ilusionante que haga que el trabajo duro se vea recompensado. La idea reinante es que en España no hay salida, que todo da igual y que lo mejor es hacer lo mínimo y disfrutar. El hedonismo en estado puro.

Se comprende que con la urgencia que tiene el gobierno por salir del agujero se adopten medidas como éstas. Lo que no se entiende es que tras 30 años de experimentos fallidos, todavía no se haya logrado imponer la sensatez en materia educativa. No hay que ser muy modernos, ni tener dieciocho mil carreras o universidades en cada pueblo. Es un hecho que no hay ninguna universidad española entre las mejores 50 del mundo, lo cual contrasta con que España esté entre las primeras 20 potencias económicas. El que apenas tengamos premios Nobel en ciencia tampoco es una casualidad, sino consecuencia de nuestro esperpéntico sistema de I+D, que reside fundamentalmente en los organismos públicos de investigación y algunas universidades.

Los ciudadanos deben ser conscientes que sin educación y sin investigación, sus hijos estarán condenados a trabajos de servidumbre y nuestras empresas, a la dependencia del exterior. Sirva como dato que Apple, una empresa que nació en un garaje y que sí apuesta por la investigación, vale en bolsa lo mismo que el IBEX. Da que pensar, ¿verdad?

Es hora de que  la sociedad exija cosas a sus gobiernos. Mi opinión es que no podemos dejar para mañana lo que teníamos que hacer ayer. Sin innovación, sin ciencia y sin educación, nuestro futuro estará, con total seguridad, en el remolque del furgón de cola.

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